sábado, 10 de mayo de 2008

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¿Trastorno psicológico o enfermedad?

En el artículo que hoy publico, Marino Pérez, Catedrático de Psicopatología de la Universidad de Oviedo y coautor del polémico libro "La invención de los trastornos mentales. ¿Escuchando al fármaco o al paciente?", problematiza sobre el concepto de enfermedad mental en el que se basan buena parte de los profesionales de la salud, así como de sus implicaciones en la atención sanitaria que se ofrece.

Marino Pérez Álvarez (Universidad de Oviedo) "Aunque el DSM-IV y CIE-10 no utilizan el término enfermedad sino el de trastorno, traducción de disorder, en los contextos clínicos y, en particular, en Atención Primaria y en Salud Mental, se da a entender, si es que no se da por hecho, que los problemas psicológicos (psiquiátricos o mentales, que en esto no hay caso ahora) son "enfermedades como otra cualquiera". El modelo de enfermedad al uso en contextos sanitarios es tan simple como falaz. Consiste básicamente en definir el problema presentado por un listado de síntomas y suponer que deriva de un desequilibrio neuroquímico (González Pardo y Pérez Álvarez, 2007: 32-37). La definición del problema por un listado de síntomas viene facilitada por los sistemas de clasificación establecidos: DSM o CIE. Dejando aparte muchas otras cuestiones relativas a estos sistemas, el punto ahora es que el problema consultado queda reducido a unos cuantos síntomas. Con tal de reunir 5-6 de una serie de 10 ó 12, uno ya sería acreedor de un diagnóstico formal (depresión, ansiedad, trastorno de pánico, fobia social, etcétera). De esta manera, el problema del paciente no sólo queda reducido a una lista de síntomas (un síndrome), por lo común, aquéllos que son sensibles a la medicación, sino recortado de su vida, de su contexto biográfico y circunstancias personales. El problema resulta, pues, descontextualizado de su sentido psicológico. En general, la entrevista diagnóstica para el médico de Atención Primaria, y en su caso el psiquiatra, viene a ser un puzzle en el que el paciente tiene las piezas y el clínico trata de encajarlas en un cuadro, escogiendo unas y dejando fuera otras. Una vez resuelto dicho puzzle (diagnóstico), lo siguiente es la prescripción del psicofármaco de turno. En adelante, lo que hace el clínico es preguntar por los síntomas cara a mantener, subir o bajar la dosis o cambiar de preparado, un procedimiento conocido como "escuchar al fármaco" ("escuchando al Prozac"), no precisamente a la persona. Ciertamente, no habría por qué perder mucho tiempo escuchando a la persona si, como se supone, su trastorno deriva de un desequilibrio neuroquímico. De hecho, tales supuestos desequilibrios, incluyendo el tan socorrido de la serotonina en relación con la depresión son, en realidad, más dispositivos del marketing farmacéutico que hallazgos científicos.

Así pues, el modelo de enfermedad al uso en relación con los trastornos psicológicos está sustentado por dos patas falsas: la falsificación del problema, al reducirlo a unos cuantos síntomas desprovistos de sentido personal y la falacia del desequilibrio neuroquímico como supuesta causa a remediar. El caso es que la noción de enfermedad, lejos de evitar el estigma es, en realidad, estigmatizante. Así, se ha visto que las personas con supuestas enfermedades mentales son tratadas con distancia y consideradas como imprevisibles y poco fiables, incluso por los familiares y los propios clínicos (Read, Haslam, Sayce y Davies, 2006; Van Dorn, Swanson, Elbogen y Swartz, 2005). Así mismo, a los pacientes a los que se les da a entender que el trastorno tiene causas biológicas, consideran que el tratamiento requerido llevará más tiempo, son más pesimistas acerca de la mejoría y adoptan un papel más pasivo ante los clínicos y su propio problema que si se les da a entender que tiene causas psicológicas (Lam y Salkovskis, 2007). En consecuencia, la política de que los trastornos psicológicos son como cualquier otra enfermedad no sólo no ha evitado el estigma sino que lo ha aumentado en varias dimensiones más. Por el contrario, la presentación de los problemas psicológicos como lo que son (problemas, dificultades, crisis) no es estigmatizante y es a la vez política y científicamente correcta. Con todo, no se negaría la utilidad de los psicofármacos. Ahora bien, se deberían utilizar como lo que son: sintomáticos, en esto como los antigripales; y protésicos, cual ayudas artificiales y provisionales. Artificiales porque la solución bioquímica no es homogénea con la naturaleza psico-social del problema y provisionales porque deberían aplicarse por un tiempo limitado del orden, por ejemplo, de 3-6 meses y no de los años y años que suelen, lo que evidencia su ineficacia (como si la escayola para un brazo tuviera que llevarse durante ocho o más años). Se da la paradoja de que se prescribe la medicación por un tiempo breve y después se mantiene para evitar el efecto de retirada, una vez que el paciente se ha "habituado" en varios sentidos. La recomendación más adecuada sería empezar con terapia psicológica y contemplar la medicación después de, al menos, diez sesiones de aquélla si se viera todavía conveniente. La terapia psicológica lleva su tiempo, pero en la escala de una medicación de años o de por vida, unas diez sesiones es sin duda una terapia breve y, considerando todo lo que hay que considerar, más económica que la medicación, como ha mostrado el informe sobre la depresión de la London School of Economics (LSE, 2006). La cuestión de fondo es que los trastornos psicológicos (psiquiátricos o mentales) no son enfermedades como otra cualquiera, como la diabetes o la artritis según se comparan a menudo. Los trastornos psicológicos no son tipos o entidades naturales como pueden serlo las enfermedades propiamente, sino tipos prácticos o entidades interactivas, susceptibles de ser influenciadas por el conocimiento, interpretaciones y explicaciones que se den de ellas (o de las experiencias y conductas de las que derivan tales entidades) en el contexto clínico de la "entrevista psiquiátrica" y en el extra-clínico de la cultura popular y la "sensibilización de la población" (Hacking, 2001; González Pardo y Pérez Álvarez, 2007). La interpretación y explicación que demos de nuestra diabetes no altera el metabolismo de la glucosa, pero la interpretación y explicación cultural y clínica de la depresión y la ansiedad influye en su realidad, convirtiéndola, por ejemplo, en una enfermedad vivida como otra cualquiera (pero no porque lo sea realmente) o en un problema de la vida del que la propia persona sería un agente activo en su solución, y no necesariamente el paciente pasivo de un presunto desequilibrio neuroquímico. Las terapias psicológicas tienen su base precisamente en esta condición práctico-reconstructiva e interactiva del problema presentado. De hecho, consisten en ayudar a la gente no sólo a entender su problema, sino también a desarrollar poder y habilidades en relación con las experiencias y situaciones ."

Extraído de "Infocop on-line" nº de abril de 2008

9 comentarios:

Annabel M. Z. dijo...

Hola Merce, me ha parecido muy interesante tu blog. Para leerlo con calma. Vendré a menudo.

Annabel.

http://annabel-elsabordelascerezas.blogspot.com

Merce dijo...

Hola Anabel!!
BIENVENIDA a mi blog.

Muchas gracias. Agradeceré tanto tus visitas como tus comentarios.

Como me ´dejas una dirección bloggera, te hago un sitito en mis "sitios interesantes"

Besos y gracias

RAMPAEL dijo...

Encuentro tu artículo muy interesante, pero me encuentro muy perdido, quizá porque no soy experto en la materia. De todas formas, tengo curiosidad por saber cosas, y ciertamente te doy las gracias por haberlo compartido
Un abrazo enorme y te deseo que pases un buen día.
Rampael

Merce dijo...

Hola Rampeel.
La intención de publicar este artículo es justamente hacer pública una situación con la que mucha gente se encuentra:

"Me siento muy nervioso, me siento, desanimado, no duermo". Van al médico de atención primaria. Éste, se saca el manual diagnóstico y dice:
"Este sí, este también, este parece... Bien, tiene usted ansiedad generalizada. Tómese un tranxilium de 50 mg por la noche y dentro de unas semanas vuelve.
Al día siguiente la persona vuelve al centro de salud:
"Oiga que me paso todo el díz atontada. No me concentro. No puedo hacer nada..."
"Ah, bien vamos a bajar a 15 mg"

En ningún momento el médico se ha preocupado en indagar en la situación psicosocial que puede estar viviendo esa persona. Pues podría tratarse de algo pasajero debido a alguna situación estresante que la persona podría estar viviendo (enfermedad de un familiar, problemas laborales) y en cierto modo normal, tratable con medios menos agresivos y más útiles La ha etiquetado como si le hubiera ido con una gripe y le ha dado la receta. De haber recuperación, será nada más una recuperación sintomática y la recaída, probablmente, se producirá en poco tiempo.

En psicología no existen categorías cerradas, y los sistemas diagnósticos nos sirven más bien como herramientas orientativas, no como etiquetas definitivas que colgarle a una persona. Estas etiquetas no sólo no sirven de mucho en el tratamiento, pues encerrando a alguien en ellas, nos podemos perder mucho -que no encaja en la etiqueta- sino que , como también se dice en el artículo, son estigmatizantes para la persona.

No es lo mismo tener un trastorno que se supone que es pasajero y en el que yo puedo hacer mucho por mejorar con la ayuda de psicoterapia por ejemplo (probablemente los factores desencadenantes no son sólo alteraciones en mi cuerpo, sinó otros muchos tanto internos como externos), que una enfermedad que solo me puede curar una medicación -si acaso- con todos los efectos secundarios -tanto a nivel físico, de autoimagen y social- que eso conlleva.

Espero haberte aclarado tus dudas..

Un abrazo

RAMPAEL dijo...

Sí, te he entendido perfectamente. Gracias por tu aclaración
Un beso enorme.

La finalidad del Blog dijo...

Coincido con tu punto de vista. Los Trastornos se confunden con enfermedades y ahi viene el medicamento mágico, que tan sólo actuará sobre alguno de los síntomas (y traerá seguramente algún efecto colateral) y los problemas que originan el Trastorno seguirán ahí, sin ser revertidos.

Mi experiencia es en Fobia Social. a quien le interese leer sobre el tema los invito al Blog que Administro.
http://trastornodeansiedadsocial.blogspot.com/


Un cordial saludo,

Sandra.

Merce dijo...

Hola Sandra.
Bienvenida.. Poco más que añadir a lo que dices. Gracias por tu comentario. Me paso por tu blog.
Besos

Health Portal US dijo...

muy buen blog te felicito

Merce dijo...

Bienvenid@ Healt Portal US
Muchas gracias.
Saludos