lunes, 3 de marzo de 2008

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Feliz en tu día

Hoy es mi cumpleaños: 3 del 3 y además cumplo 33. Espero que con tanto tres, que para muchos es el número de la suerte, tenga un buen año. Curiosamente, este año no me siento ni bien ni mal con mi edad, lo que no me ha sucedido en muchas otras ocasiones. Cuando tenía menos de veinte, quería tener más y me veía muy niña. Entre los veinte y los treinta, dependiendo de la edad de la gente con la que me relacionase, quería tener más o menos años –o era muy mayor, o era demasiado joven-. De los treinta a los treinta y dos tuve la sensación de crecer demasiado deprisa y me sorprendía, no muy agradablemente, cada vez que me repetía la edad que tenía. Esto que a mí me ha ocurrido, casi siempre, no es ajeno a la mayoría de las personas. Pocos son los que están satisfechos y conformes con la edad que tienen en todo momento de su vida. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Si todas las partes de las que nos componemos como seres humanos crecieran al unísono seguiría existiendo tal insatisfacción? Probablemente no. Es decir, si tanto nuestra parte intelectual, emocional física, social y espiritual, madurasen a igual ritmo, no habría espacio para desajustes y el ser humano se desarrollaría en perfecta armonía. Lo que sucede, es que, lamentablemente, es raro que esto se dé así. Tanto la sociedad, como la educación, unidas a las circunstancias y características individuales, favorecen el desarrollo de unas en detrimento de otras, promoviendo así la existencia de un desequilibrio constante y una disarmonía que repercute negativamente en la satisfacción vital de la persona. Existen cánones sociales dependientes de cada cultura que nos indican qué debemos haber conseguido a cada edad. Éstos son introyectados por cada uno de nosotros desde la infancia, y el no llegar a alcanzarlos en el periodo establecido, puede producirnos un sentimiento de alienación, marginación y autorrechazo al que también contribuyen comúnmente la gran mayoría de las infraestructuras sociales. Así mismo –y como ya comenté en una entrada anterior-, escasos son aquéllos que han crecido a la par tanto intelectual como emocionalmente. El impacto que está teniendo “el culto al cuerpo” y la sobrevalorización de la imagen social actúan en perjuicio del desarrollo espiritual de cada uno. Valores como la amistad, el amor, la solidaridad… son cada día más superficiales e interesados. Cada uno de nosotros somos el resultado tanto de nuestras circunstancias y características personales, como de nuestras elecciones pasadas, fueran éstas más o menos conscientes y más o menos acertadas. La ley de causa-efecto no se da únicamente en el universo externo. No podemos excluirnos de la misma. Podría haber elegido otras cosas en mi vida, pero no lo hice. Si me equivoqué o no, creo que nunca lo sabré. Lo que sí sé, es que de las elecciones que yo haga en este momento dependerá mi futuro. Es decir, mi destino, de algún modo, está en mis manos. Y ahora mismo veo ante mí una elección clara: lamentarme por todo lo que a mis treinta y tres años no tengo y debería tener, no he conseguido y querría haberlo hecho y resignarme como víctima maltratada por la Vida; o bien aceptar mi responsabilidad que me ha llevado a ser como soy y tener lo que tengo y, a su vez, asumir la que también tengo en relación a lo que seré y tendré en un futuro y actuar en consecuencia. He de decirles que, sin duda alguna, me quedo con la segunda opción. Bien, parece que tras varias entradas en las que únicamente me apetecía guardar silencio, he cogido con ganas el teclado del ordenador. Les voy a dejar con la canción de una preciosa película, que si para algunos es una niñería por ser animada, por su contenido, no me cabe duda que es apropiada para cualquier edad. Y me la dedico primero que nada a mí misma (que para poder amar a los demás, primero hay que amarse enteramente uno mismo, con lo bueno y lo malo), por haber llegado hasta aquí y estar dispuesta a seguir adelante con lo que hay. Y también a todos aquéllos que cumplen años por estos días, en especial a los que me sois más allegados. Os envío un abrazo y los pertinentes tirones de orejas más dos de regalo. A ver si consigo recordar por fechas: felicidades Javi, Marta, Olympe, Isa, María, Ana, Úrsula, Lazarillo, Víctor y…. ruego me perdone quien me haya dejado y debería recordar.

10 comentarios:

Merce dijo...

Traducción aproximada:

El ciclo de la vida.
Desde el día que al mundo llegamos
Y nos ciega el brillo del sol
Hay más que mirar donde otros solo ven
Más que alcanzar en lugar de soñar

Son muchos más los tesoros
De los que se podrán descubrir
Y bajo el sol protector con su luz y calor
Aprenden todos a convivir

En un ciclo sin fin que lo envuelve todo
Y aunque estemos solos debemos buscar
Y así encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin

Es un ciclo sin fin que lo envuelve todo
Y aunque estemos solos debemos buscar
Y así encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin

Lazarillo en América dijo...

FELICIDADES!!!

Merce dijo...

Gracias. Pensé en guardarte un trozo de tarta y luego pensé también que no sería buena idea jeje. Besos

kleine dijo...

Muchísimas felicidades, con retraso.
Nos vemos este finde y lo celebramos!

Merce dijo...

Muchas gracias. Ya me avisas tú cuando llegues a tierras españolas. Un abrazo

Antonio dijo...

¡¡Muchas felicidades!! Es inevitable darle vueltas a la cabeza cada vez que se cumplen años, y siempre habrá cosas que pensemos que nos faltan o que hemos perdido el tiempo de alguna determinada manera. No obstante, mientras podamos ir cumpliendo objetivos, las cosas no irán tan mal como a veces pensamos.

Reitero mis felicitaciones y mis deseos de que lo celebres de la mejor de las formas.

¡Salud y por muchos más!

Merce dijo...

Gracias Antonio. Cierto, es difícil que nos ajustemos a todas las exigencias que nos imponemos y nos imponen continuamente. Aunque como digo en la entrada, este año curiosamente, cumplir 33, no me deprime. Me siento feliz con mi edad.
Gracias por tu regreso. Te invito a algo cuando te vea.
;)

RAMPAEL dijo...

Bueno, en primer lugar, felicidades retrasadas, lamentablemente, no llegué a tiempo para saber que era tu cumpleaños ( tampoco podía saberlo, puesto que no soy brujo, ni tengo bola de cristal para adivinarlo) y en segundo lugar, me ha gustado mucho la reflexión que haces sobre la imposición de la sociedad. Parece que cuando llegaras a cierta edad, tendrías que conseguir ciertas cosas, que, si no consigues, entonces has fracasdo como tal
De nosotros depende, llevarnos por esa circunstancia, o, simplemente mandarlas muy lejos y vivir simplemente tal y como cada uno entiende
Saludos

Mr Blogger dijo...

Ejem... felicidades y todo eso... :P

siii, ya sé que a estas alturas ya me vale, pero bueno, más vale tarde (¿o temprano?) que nunca.

Merce dijo...

Muchísimas gracias Mr. Blogger.
Nunca es tarde si la dicha es buena. :)
Besos