sábado, 30 de enero de 2010

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Buena suerte, mala suerte... ¿Quién sabe?


Muchas veces, ante los eventos, situaciones y acaeceres de nuestra vida, nos hallamos en una insoportable impotencia, incomprensión y desasosiego. Lo bueno... quisiéramos agarrarlo con todas nuestras fuerzas para no dejar que escapara nunca; de lo malo... huimos como sea o, en el caso que nos alcance, nos llenamos de angustia, ansiedad y rechazo. Es difícil conservar la paciencia cuando algo duele y difícil mantener la serenidad cuando algo nos llena y hace felices. Nos movemos al son de los acontecimientos como marionetas de la vida y nos olvidamos de algo tan fundamental como que, lo único que quedará siempre conmigo... soy yo mism@, el resto no es más que experiencia pasajera.
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. Muchos son los cuentos que invitan a desarrollar esta capacidad de permanecer "en conexión con uno mismo", independientemente de las circunstancias. Estabilidad sumamente difícil de alcanzar pero que, realmente, es la que da solidez e integridad a la persona.
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. Pero antes de pasar a contar/recordar el cuento que pretendía hoy, quiero citar unas palabras que he tomado del blog de Albert Rams, Miscelánea:
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. "[ (...) Una vez me dijo que había cuatro niveles de comprensión y que correspondía escuchar con la mayor Atención posible para no tomar las cosas literalmente. "Dede dice que la mayoría de las personas sólo captan los niveles más obvios. Leen los libros sagrados y no ven que todo lo que está escrito tiene otros significados, más profundos que los superficiales. Puedes leer acerca de una batalla/puerta y pensar que es la historia de una batalla y nada más, pero la batalla no fue sólo un evento historico. Está siendo ahora/aquí/Allí. Si lo encaras así, entonces comprendes el segundo nivel, el alegórico. Dede dice que si escuchas las historias que él relata, y te das cuenta de que son transmisoras de algo, quizás puedas captar su significado y no sólo su forma externa (...) Dede dice que si escuchas las historias que hay otros dos niveles más, el metafísico y el místico. Algunas de sus historias, por más simples que parezcan, no son sólo alegóricas, sino que revelan alguna de las grandes leyes del universo. Mevlana siempfe hablaba de ese modo y Dede quiere que tú estudies todos sus escritos. Dice que el nivel más profundo de comprensión es el místico. Es decir, cuando lo que cuenta no son las palabras, ni la alegoría, ni las leyes del universo, sino que el corazón se conmueve tan profundamente que la Verdad que encierra se experimenta directamente, en un estado que está más allá del conocimiento o la convicción. Verás a veces que los derviches lloran, porque la belleza de Dios es demasiado difícil de soportar cuendo te dejas absorber en ella completamente] Field, Rashad: "La última barrera. Un Viaje Sufí". Ed. estaciones. Buenos Aires. 1994".
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. Y ahora paso a relataros el cuento:
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. Una historia china: habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: «¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?». Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?». Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?...

5 comentarios:

Lola dijo...

Una vez estaba Nasrudín con su nieto y este le preguntó:

-Abuelo, ¿a quién madruga dios le ayuda?

Nasrudín le contesto:

-bueno, el vecino de al lado se levantó un día y en el camino al trabajo se encontró una bolsa con monedas de oro.
- Entonces abuelo Dios le ayudo, no?
- Al vecino si, pero al que perdió la bolsa con las monedas no.

.........Va en esa dirección el asunto, no?

un besazo amiga.

pau dijo...

¡Vaya regalo nos haces hoy!

Voy a copiar este cuento para guardarlo. No a buen recaudo, que lo inutiliza, sino bien a la vista para recordarlo.

Merce dijo...

Hola:
Lola: gracias por el cuento. Es precioso y con un mensaje realmente importante. Sí, va en esa línea el que puse yo. Un beso y muchas gracias.

parce: ¿mala suerte? ¿Buena suerte?...¿quién sabe?

pau: Me alegro de que te haya gustado. Espero que te sirva como dices. Besos y gracias.

Gabiprog dijo...

No hay duda que aparte del destino tenemos nuestra voluntad, y sobre todo las perspectivas, siempre cambiantes, de lo que nos ocurre y de lo que hacemos.
Este es nuestro tránsito.

Merce dijo...

Nunca mejor dicho Gabiprog. Y bordamos tu comentario con esta frase de "tu destino está en tus manos".

Muchas gracias.
Besos