martes, 25 de marzo de 2008

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José de Espronceda

José de Espronceda Poeta español Nació el 25 de marzo de 1808 en Almendralejo, Badajoz. Con sólo quince años, cuando ahorcaron al general Riego, fundó una sociedad secreta, Los Numantinos, con el fin de vengar su muerte. Fueron descubiertos y les condenaron a cinco años de cárcel, que se redujeron a unas semanas en un convento de Guadalajara, lugar donde compondría el poema Pelayo.
Al alcanzar la mayoría de edad, se exilió en Lisboa y Londres, donde conoció a Teresa, casada y con hijos; que fue la inspiración en sus poemas: Canto a Teresa. Durante la revolución de 1830, tomó parte de las barricadas de París, y entró en España con una expedición de revolucionarios, que fracasó. Lo desterraron y durante este época, compuso varias poesías y la tragedia Blanca de Borbón. Raptó a Teresa y en 1833 regresó a su país tomando parte en otros pronunciamientos que le trajeron nuevas persecuciones. Consiguió en 1836 una gran fama internacional, a partir de la publicación del poema La canción del pirata que, a pesar de su discutida deuda con Lord Byron, constituye el manifiesto lírico del romanticismo español. Este poema está recogido en Poesías de don José de Espronceda, de 1840. Además escribió la novela histórica Sancho Saldaña, aparecida en 1834, el relato fantástico La pata de palo, de 1835, la sátira El pastor Clasiquino, de 1835, y muchos artículos y obras dramáticas. En el año 1839 falleció su amada y realizó nuevas interpretaciones del amor, como en el poema A Jarifa en una orgía. En 1842, año en que fallecería en Madrid, le eligieron diputado a Cortes por el Partido Progresista.
La Canción del Pirata:
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:
Navega, velero mío, sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho del inglés,
y han rendido sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera de esplendor,
que no sienta
mi derecho y dé pecho
a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido por igual;
sólo quiero por riqueza
la belleza sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Vivimos en una época de escepticismo, que presume de insensible, racionalista y objetiva, sobre todo cuando se muestran sinceros mensajes de un joven corazón exaltado y sensible como el de José de Espronceda; y al ver cómo muy pocos vibran con ellos, siento que aumenta mi simpatía por el príncipe de los románticos españoles.

Más vale prometerte poco ahora
Y algo después cumplierte, lector mío,
No empiece yo con voz atronadora
Y luego acabe desmayado y frío;
No una altiva columna vencedora,
Que jamás rinda con su planta, impío
El tiempo destructor, alzar intento;
Yo con pasar mi tiempo me contento.

7 comentarios:

RAMPAEL dijo...

Has dado en el clavo, tu comentario no puede ser´ más atinado y más en el aniversario del nacimiento de este gran poeta español
Un beso

Artemisa dijo...

Hola!!

Me ha resultado muy interesante la biografía de Espronceda... Me agrada mucho este famoso poeta... "La Canción del Pirata", me gusta tanto que casí me la se toda de memoria...

Nos leemos!
Besos

Merce dijo...

Gracias a ambos, Rampael y Artemisa.
Aún quedamos románticos por el mundo que creemos en el Amor -sin que esto quiera decir que no nos hayamos decepcionado muchas veces- y que nos encanta contemplar las puestas de sol y leer poesía. Seguramente seremos más de los que se ven. Sucede que en tiempos como los que corren, parece ser vergonzoo mostrar estas cosas y la mayoría prefieren permanecer ocultos.
No sería éste verdaderamente mi blog si en algún momento no hubiera publicado la Canción del Pirata, pues fue "Mi Himno" en la adolescencia y aún hoy cuando la recito me emociono.
Gracias de nuevo y besos a ambos

Jaime dijo...

!Magnífico! Me ha encantado leer toda esa Oda a la viril arrogancia del hombre que se hace espuma de mar y que golpea sin ningún recato a las vanidades de aquellos y de estos tiempos... No conocía esa proclama de amor (porque es amor)en toda su extensión, aunque, claro, suena en mí desde la recóndita escolaridad...

Me gustó la meditación que haces de ese escrito, ebrio de libertad, y mucho más me gustó saber que te emociona entonarlo ¿Quieres recitarlo otra vez, corazón?

Felicidades!

J.

Merce dijo...

Sí Jaime, lo seguiré recitando siempre, sobretodo cuando sienta que las fuerzas empiezan a abandonarme.
Besos y gracias.

Jaime dijo...

Las fuerzas nunca te abandonarán, recuerda, cambiarán de forma, de dirección; apuntarán a otro objeto, pero no te abandonarán.

!Navega, velero mío!

J.

Merce dijo...

Gracias Jaime.